Visto desde un cierto ángulo, el ángel es una figura rubia con una belleza nórdica que no estaría fuera de lugar en un anuncio de ropa de diseñador. Es imposible saber si sus rasgos finos y ambiguos y su mirada intensa pertenecen a un hombre o una mujer, pero en cualquier caso es una belleza que de intensa resulta dolorosa.
Visto desde otro ángulo, el ángel es una esfera de metal ardiente con doce veces doce ojos. Así es la cosa con los ángeles, tienen una forma humana y una forma metafísica. Las doce bocas de la esfera incandescente hablaron a coro y revelaron los últimos secretos celestiales, que el demonio sentado en el otro lado del escritorio anotaba diligentemente en una libreta.
“Ya sabrás cómo son las cosas con ÉL”, dijo el rubio. “Primero se compromete a hacer más hombres que estrellas en el cielo, y después se aburre y nos deja todo el asunto a nosotros.”
El otro gruñó y asintió con la cabeza de una forma relativamente empática. No es cosa de esperar gran empatía de parte de un demonio, pero a fin de cuentas el tipo alguna vez había sido ángel y recordaba aún que los caminos del Señor tenían más de fastidioso que de misterioso ya que se les conocía de cerca.
El rubio continuó:
“Tomar un puño de barro y convertirlo en un hombre es una lata. Así que allá por el 1880 empezamos a usar plastilina.”
El demonio alzó la vista y gruñó de nuevo, ahora incrédulo.
“Plastilina.”
“Sí. En un principio parecía una buena idea. Más colorida, más sencilla de trabajar, más apropiada para hacer a las miriadas de miriadas de hombres que ÉL había prometido.”
“Plastilina.”, repitió el incrédulo. “Eso lo explica. Ya nos parecía que los hijos de Adán eran ahora, si eso es posible, aún más patéticos de lo que habían sido en un principio.”
“Sí. No es posible culparlos. Ahora tienen almas de plástico, hechas en serie.”
Poco después pasaron a otro tema porque al fin y al cabo a ambos los humanos les eran más bien indiferentes, uno más de esos caprichos de EL.
Uno siguió fumando, el otro siguió tomando notas, y en los cielos la línea de producción continuó arrojando espíritus genéricos a la Tierra.
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