No es quien piensas, es un eco. Puedes preguntar, pero ¿quieres hacerlo?

Despues de años de no saber nada de ella, encontré su carta en mi buzón. No lo esperaba. Ni siquiera se de dónde sacó mi dirección.

Me dió gusto, pero también sentí una corriente fria y pesada en la sangre, como el goteo fluido de una sonda intravenosa de mercurio.

Me dio gusto. En su tiempo la quise mucho. El azogue en las venas, por su parte, hizo entrada debido al mal recuerdo de la forma repentina en que le dije adios.

Creo que no sabe aún por que me fui así. Creo que ella cree que fue un arranque de dignidad petulante, de esa que no decide si quiere ser adolescente o si de plano es infantil todavía.

De hecho, mis propios motivos no eran claros para mi en ese entonces, pero el karma me atrapó y me dio la oportunidad de aprender.

El karma es un fenomeno muy incomprendido. Los gurús al vapor que se escudan en sus cristales y sus tetragramatones esotéricos hacen creer que el karma es la justicia del universo: Si un dia te alejas de alguien que te es importante y no le das ninguna explicación, tienes una deuda: Algún dia alguien que te importa desaparecerá sin decirte nada y la deuda quedará saldada.

Entiendo por que los pseudogurús propagan esa creencia. Es muy reconfortante. Si me trataron mal, lo pagarán algun dia; Si traté a alguien mal, algun dia la deuda será saldada y quedaré en paz.

Pero el karma es otra cosa: No es la justicia del universo, sino la inercia del espiritu. Así como un cuerpo en movimiento seguirá movíendose a menos que otra fuerza lo detenga (primera ley de Newton), de la misma forma un espíritu que falla seguirá fallando si nadie lo hace cambiar.

Dicho de otra forma: Muy probablemente seguirás haciendo lo que has hecho siempre, y por lo tanto, la vida te seguirá dando más de lo que ya tuviste…¿Puedes vivir con eso?

Lo que se sobre al karma lo aprendí a fuerza de despedidas. Lo malo del caso es que, ya que el karma condena a repetir las secuencias, cada adios fue idéntico al primero. Siempre partí precisamente cuando más me quería quedar.

Lo peor es que seguía sin aprender. La vida me puso a repetir indefinidamente el mismo fracaso con el fin de enseñarme una lección, y resulté ser un pesimo alumno.

Tan enfermiza es la exactitud con que se repitió todo, que se que si cualquiera de las que extraño lee estos parrafos que llevo jurará que los escribí solo para ella.

Para que se distinga con claridad sobre quien escribo, diré que es sobre la que me había perdonado por completo. Solo hay una, asi que no hay lugar para confusiones.

Para poner otra seña particular, igualmente única, diré que se trata de la que había llenado su vida de energías celestiales.

Ella no sabía, y aún no me atrevo a decirle, que yo invertí ese mismo tiempo en atraer a mí las energías diabólicas.

El cielo no me vendría mal, pero estoy autoexiliado. Me callé la felicidad que su reaparición traía a mi vida.

Por otra parte, ella la expresaba de una forma de lo más constante y enfática. Fue esa efusividad la que me dió pie para reiniciar la secuencia y dar el primer paso de la nueva despedida.

“Me alegra haberte reencontrado”, le dije. “Me da gusto, y quiero que seamos amigos. Pero los amigos no se envían cartas melosas cada tercer encuentro.”

Es extraño: Eran palabras que habría esperado escuchar algun día, no palabras que hubiera esperado pronunciar yo. Me sorprendi cuando cruzaron mis labios.

“Quero regalarte luz”, insistió ella. “Y que tu me des luz a mi.”

Ni recibí su regalo, ni podría haberlo correspondido. ¿Que músculo se activa para emitir luz? Creo que solo lo saben las luciernagas. En lo que va a mi, que no lo soy, tengo la certeza de que no podría ser tampoco ni lámpara ni sol.

¿Quizá, a falta de ese poder angelical, podría intentar corresponderle con atributos infernales?

“No puedo regalarte luz”, le dije. “No tengo luz en mis venas. ¿Te sirve de algo el fuego? Es un fuego sombrio, pero si lo alimento fundirá las cadenas que nos atan a este mundo insatisfactorio. “

No aceptó.

Es amargo comer solo del plato que uno quería compartir. Por lo que se, su lumínico hartazgo solitario no le hizo ni gracia ni provecho, y volvió a su cielo sin decir gran cosa mas. Pero creo que será la ultima despedida. El ciclo terminó en su principio.

El solitario banquete igneo que rechazó la dama celestial me resultó bastente provechoso. Me quemó las entrañas, por supuesto, pero la tenue iluminación de las ascuas resultó suficiente para permitirme ver.

El fuego me reveló las ataduras gemelas de la razon y la superstición.

Siempre creí que la meta era huir de la condición de hombre. Encuentro muy convincente a Nietzche cuando dice que Dios ha muerto, y si uno cree eso el corolario inevitable es que el hombre no es sino carne que se va a pudrir y mente que se va a opacar.

Había estado intentando crearme un dios, pese a la ridiculez que traería adorar a mi propia invencion.Aunque los dioses no existan, ayudan. Son fantasías que ayudan a que el hombre deje de sentirse simio por un rato.

¡Que lástima que el diós que ahora esta de moda es un dios para eunucos!… Si esa es la única salida, al hombre no le queda mas que ser animal o se castrado… Y ya ni siquiera sabemos ser buenos animales.

Pero la razon no me suelta. Aunque lo he intentado, aunque mi fantasía es fuerte, la razon no me permite inventar un dios al que despues pueda temer, o al que pueda aspirar.

No puedovivir sin una mitología. Tuve que elegir a una mujer, tomarla por Diosa, y aspirar a ser digno. Una diosa pagana y salvaje, cruel como la vida y fria como la muerte.

De otro modo no sabría como engañar a esta mente que se sabe incrustada en un cuerpo animal destinado a la decadencia.¡Pero es un truco tan cansado! Las diosas se cansan de su altar y los fieles nos cansamos de nuestras devociones.

Al final, ya que uno esta adorando a un ser hecho de carne, uno no puede sino reconocer que en esa mitología que uno ha creado uno es tan abyecto que esta más abajo aun que la carne mortal.

En lugar de alzarse más allá de esta realidad de carne y hueso, uno se hunde por debajo de ella.

Corrijo: Yo me hundía a mi mismo, me hacia un ser tan bajo que ante mis ojos una mujer estaba en el plano de la divinidad. Al final me tenía que ir, asqueado de mi mismo y sintiendo, además, que mi corrupción mortal seguramente estaba asqueando a las diosas.

La superstición me ataba a este mundo mediocre con tanta fuerza como la razon fría.

¡Y todo este tiempo estuve haciendo eso sin entenderlo! La dama que inició el ciclo me mostró la salida, aunque fue solamente por la tristeza de ver como se pierde en su superstición celestial.

Ahora voy a abolir mi religión de diosas crueles. No sere nada más que un hombre, y ya no adoraré a nadie.

Cuando deba estar solo, estare solo. Y cuando no, amaré a las mujeres por que son de carne efímera como la mia. Amaré a la que tiene la fuerza para compartir este mundo sin mitos y hacerlo bello, a la que tiene el espíritu para obligar al mundo a tener un significado.

Quiero poner mis fuerzas finitas de hombre y mi mal intelecto de humano al servicio de una mujer que sea, como yo , un nudo de carne, de huesos, de pasado.

Si, pondría mis fuerzas a las ordenes de una mujer que no tendrá dragones por matar, sino frascos de mermelada por abrir. Y despues de eso cenaremos pan con mermelada y nos iremos a dormir, quizá a soñar. Y no seremos ni simios ni castrados ni dioses ni devotos ni princesa ni caballeros ni dragones ni nada que no sea, quizá hombre y mujer o quiza, mejor todavía, dos humanos, dos verdaderos humanos, haciendose un espacio con un poco de calidez en este mundo sin mitos donde la unica grandeza posible es aceptar que lo terrible espera, y donde la única magia posible es la de encontrarnos.

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