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Un espía en un cuarto obscuro, atiborrado de máquinas, despierta.

El tenue zumbido electrico de los artefactos que lo rodean, aunado al calor polvoso del polvo del sótano en que se esconde, le hicieron rendirse al sopor, pero las estridencia de una de sus impresoras lo hizo regresar.

La imagen se va formando línea a línea, y cada golpe del mecanismo sobre la cinta entintada revela un borroso detalle más , a la vez que libera un tenue olor similar al de la gasolina.

El espía no le encuentra relevancia a la imagen, pero no le corresponde a él cuestionar a sus superiores, los capitanes misteriosos que rigen a la agencia de detectives kármicos.

El espia cumple, entonces, su deber. Toma al papel entre sus dedos, se concentra en la imagen y la usa como foco akáshico para entrar a la mente del sujeto de sus investigaciones.

***

El trance le roba todos los sentidos al espía, y cuando regresan ya no son los suyos. Dicen que las pocas personas que regresan de un coma lo hacen casi siempre por causa de un aroma que los llama de vuelta al mundo. Despues de dormir dos años despiertan por causa del perfume del café de una enfermera, el vaho de gasolina de un camión que pasa, o quizá por el pasto recién cortado frente al hospital.

El espía siempre recuerda este dato trivial cuando hace un viaje akáshico, ya que siempre es el retorno del olfato el que le indica que ha entrado en la mente del sujeto.

Lo primero que rompe a su vacío sensorial es el perfume picante de una falsa esencia de limón. Casi enmascarado por esete, pero perceptible todavía, está una insinuación de talco y manzanilla.

Después del olfato regresa el tacto, que en esta ocasión mezcla al
desagradablerechinido de sus dedos remojados y a la calidez de un latido pequeño contra su pecho. Sus oidos detectan al correr del agua, y una respiracio´n tenue. Despues su vista le revela una montaña de espuma, unos platos mugrientes y una cocina obscura. A juzgar por lo desgastado de los muebles y la pintura, la casa estambién bastante pobre.

Despues de que sus cinco sentidos entraron en los del sujeto, despertó de nuevo el sexto sentido del espía, su tercer ojo akáshico. Entonces comprensió por que lo envió la agencia: El sujeto de la investigación es la reencarnación de un importante guerrillero.

La placidez del pobre cuarto y la calidez del bebé que duerme contra su pecho, por otra parte, le dan la respuesta que la agencia buscaba: El guerrillero nunca tomará las armas en esta vida.

El espía regresó a su sótano polvoso.

Hay una docena de notas de Beethoven que no me he sacado de la cabeza en estos días.  Pertenecen a su quinta sinfonía, pero no es el consabido “Ta da da DAAAAH” del primer movimiento.

Las notas que me acosan, y que pueden escuchar aqui, son la columna del primer tema en el tercer movimiento de la quinta.

Pero todos esos números no dicen nada. Lo importante es el nombre: Son los cornos de la cacería de Hades.

Cuando la zorra escucha al corno, sabe que los perros ya vienen, y tras ellos el cazador.

Pero cuando suena un corno como el de la pesadilla de Beethoven, los perros son Violencia, Enfermedad y Vejez, y el cazador es , sobra decirlo, Hades: Muerte, infierno, oscuridad y olvido, todo en uno.

Lo que me obsesiona de ese llamado de Hades no es en si el descubrimiento de que viene la muerte. Escuchen la llamada..

..Es ceremoniosa, y es implacable también. Pero , sobre todo, carece de alegría. Hades viene , nunca va a detenerse…Y cuando llegue lo hará sin pasión y sin alegría.  Uno esperaría que la muerte llegue con un trato personalizado, con un redoble de tambores, con un rasgarse del cielo… Pero no. Para Hades, todo el asunto es un deber desagradable, uno más de tantos…Y la muerte llegará como un tramite impersonal. Es tu asesino, pero ni le alegra, ni le importa quien eres.

Me creía constructor de laberintos.

Pensaba que al morir, mi paraíso sería un jardín de las delicias arcanas…¡Tan diferente al de las terrenales!

Los habitos ,sobra decir, son tercos.

Le dije que la quería por la intensidad de su espíritu, por su sensibilidad ante los enigmas de la vida., por la forma en que vive sus propias reglas y no las de este mundo domesticado.

Le dije que quería compartir la vida con ella para compartir libros y viajes y museos y bosques y nevadas.

Y ahora lamento haber dicho demasiado sin haber dicho nada.

Ahora, lo que querria haber dicho es: Te quiero por que te quiero, quiero compartir la vida contigo para compartir la vida…y ese vestido te sienta muy bien.

No muchos conocen a los fractales, y los no iniciados solo saben que son unos dibujos que los matemáticos conciben cuando empiezan a alucinar. Pero son mucho más importantes que una mera alucinación.
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Ultima vez.

“Me pregunto si me atreveré”, te dijiste.

¿Cuando fue la ultima vez que te lo dijiste? Alguna vez la respuesta fue que sí. Paro cada vez mas, la respuesta se hizo no.

Con el tiempo,  ya ni siquiera te preguntabas. La pregunta moría en labios de tu subconsciente, que ya no quería ni molestarse en preguntar por que sabía que el superego diría que no.

Y tu ego, mientras tanto, no se da cuenta de la pregunta que tu subconsciente se traga, ya que esta absorto en calcular la cuenta de la luz y la ruta para escapar del embotellamiento.

Primera:

Hay pocas cosas a las que yo haya considerado total e indiscutiblemente buenas. Por “cosas” me refiero a ideas, personas, libros, e incluso conceptos abstractos. Por “bueno” me refiero a algo que tiene una energía feliz y luminosa, y que la transmite.

Durante casi treinta años, yo había creido que El Show de los Muppets era una cosa indiscutiblemente buena…

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Ausencia

Anoche soñé con su ausencia.

Me dió gusto. Había temido soñar con lo irrelevante o con lo incoherente, habiendo tantas noches en que se sueña con zapatos, o con perros en balsas…

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Creo que alguna vez tuve los ojos de un poeta, pero los perdí.

En ese entonces los desperdicié por que tenía la pluma de un adolescente. Ahora, lo que quiero para mi es recuperar esos ojos, y conservar a la vez la pluma del reportero.

Así, beberé tu presencia cuando la concedas sin armar principios de sonetos…

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Dicen que las amazonas se mutilaban los pechos. Dicen que lo hacían para mejor tensar el arco.

Yo digo que no. Diré que se arrancaban los pechos por encontrar aberrante tanto a su forma como a su función.

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Se nos contaminó la lengua con eufemismos insidiosos

“Tiene caracter”, dirá alguno que se sentía diplomático y que en realidad quiso decir “a ese no hay quien lo aguante”.

“Este es el modelo austero”, dirá otro cuyo buen sentido de la mercadotecnia le impidió aceptar que eso que vendía era un carro barato.

Y es por culpa de esos malabarismos que se nos empobrece la lengua, y se nos empobrece también el espíritu: ya nadie quiere ni ser austero ni tener caracter.

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