Emmanuel Swedenborg, nacido en Suecia en 1688, adquirió a la edad de cincuenta y seis años la capacidad de conversar con los ángeles. Sus prolijos registros de las conversaciones (que continuaron hasta su muerte, casi 30 años despues) lo convirtieron en el angeleologo más conocido de la historia.
Desgraciadamente, el docto sueco había sido, antes de su revelación, filósofo, químico y geometra. Sus apuntes sobre los ángeles, entonces, se enfocan en los aspectos más abstractos e intangibles de la ya bastante abstracta e intangible condición angelical.
Las virtudes y defectos del sueco contrastan profundamente con las de Tomás de Cananea ,que a ojos de los eruditos especializados en el tema compite con Swedenborg por el título de el más informado de los angeleólogos. Sin embargo, lo caótico de los apuntes del Cananeo han impedido que se imprima una edición definitiva y accesible a un publico no especializado, por lo que su poca fama no ha hecho mella alguna en la gloria del sueco.
La nacionalidad de Tomás de Cananea esta en disputa. Versiones contradictorias lo declaran estadounidense, mexicano o hasta apache con escasas tres generaciones de civilización. Dada la propensión de esa raza para las visiones místicas, favorezco a esa tercera teoría, pero lo cierto es que a menos que se descubra un nuevo lote de archivos de la Consolidated Cooper Company (cuyos registros son los más meticulosos de la época para esa región) mi aportación (al igual que las otras) queda como especulación pura.
Se sabe con certeza que Tomás era ornitólogo, aunque tomando en cuenta la época y el lugar lo más probable es que tuviera además algun oficio más práctico no registrado por la historia: Un pueblo minero en medio del desierto dificilmente ofrecería un trabajo a tiempo completo para un observador de aves. Dadas las circunstancias de su revelación, es de sospecharse que guiaba a los “Prospectors”, los buscadores de vetas minerales, a través de terrenos inhóspitos. Es posible también que él mismo fuera un prospector, ya sea trabajando por su cuenta o en la nómina de la CCCC. Tambien es ampliamente probable que practicara algun tipo de contrabando.
(En otra de mis especulaciones casi sin base, lo veo transportando opio para la mafia “Chee Kung Tong”, siendo los “Tongs” las asosciaciones criminales de los chinos inmigrantes, de los que había un buen número trabajando en las minas de Cananea. En este escenario, soportado solo por alguna de las alusiones oblicuas en los cuadernos de Tomás, las expediciones ornitilógicas serían tapadera para las expediciones de contrabandismo, mientras que a su vez el contrabando sería para Tomás solo una forma más de costear sus expediciones ornitológicas.)
(La mafia china, por cierto, tenía una curiosa tendencia a encontrarse en esta clase de embrollos, segun refiere el doctor Kong-Li Chin en un “paper” publicado recientemente por la Universidad de Oxford: Una lavandería abierta como fachada para encubrir un negocio de narcóticos resultaba ser, dos generaciones después, mejor negocio que aquel al que prentendía esconder, y la familia conservaba de mala gana al aspecto criminal de su operación mas por cuestiones de prestigio que por otra cosa. )
Volviendo al tema, una de las pocas certezas en la historia de Tomás de Cananea es que en 1908, no mucho antes de que estallara la revolución en México, el entonces ornitólogo recorría la Sierra Madre buscando a una especie particularmente elusiva de guacamayo cuando (aparentemente a causa de una apuesta nacida de una bravata) tuvo a bien nadar un cuarto de hora en un lago alimentado por el deshielo. La hipotermia llegó sorpresivamente y sin saber ni como ni cuando Tomás pasó de estar nadando vigorosamente a estar flotando cara abajo con beatífica serenidad.
Los quince minutos durante los que sus compañeros de expedición lo dieron por muerto fueron para Tomás dias enteros: Dias enteros pasados en el paraiso en conversaciones con ángeles. Tras ser revivido a fuerza de fricciones de aguardiente, el presunto contrabandista se vería acompañado de estas visiones angelicales durante toda su vida, y normalmente en los lugares y momentos menos esperados.
Es a partir de este momento que la formación ornitológica de Tomás de Cananea permite que sus notas angeleológicas superen con frecuencia a las de Swedenborg: El sueco, ocupado en sus elucubraciones filosóficas, no menciona siquiera a las alas de los angeles, mientras que el apache-mexico-americano tuvo la agudeza de notar que si bien el número y la configuración de las alas de los ángeles varía de acuerdo a su rango, el colorido, forma y patrones del plumaje varía segun del oficio del mensajero. Además, las alas de los ángeles siempre podían identificarse como la versión a escala de las alas de alguna especie de ave terrenal, con contadas excepciones atribuibles a los huecos de los catálogos ornitológicos de principios del siglo pasado.