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Emmanuel Swedenborg, nacido en Suecia en 1688, adquirió a la edad de cincuenta y seis años la capacidad de conversar con los ángeles. Sus prolijos registros de las conversaciones (que continuaron hasta su muerte, casi 30 años despues) lo convirtieron en el angeleologo más conocido de la historia.

Desgraciadamente, el docto sueco había sido, antes de su revelación, filósofo, químico y geometra. Sus apuntes sobre los ángeles, entonces, se enfocan en los aspectos más abstractos e intangibles de la ya bastante abstracta e intangible condición angelical.

Las virtudes y defectos del sueco contrastan profundamente con las de Tomás de Cananea ,que a ojos de los eruditos especializados en el tema compite con Swedenborg por el título de el más informado de los angeleólogos. Sin embargo, lo caótico de los apuntes del Cananeo han impedido que se imprima una edición definitiva y accesible a un publico no especializado, por lo que su poca fama no ha hecho mella alguna en la gloria del sueco.

La nacionalidad de Tomás de Cananea esta en disputa. Versiones contradictorias lo declaran estadounidense, mexicano o hasta apache con escasas tres generaciones de civilización. Dada la propensión de esa raza para las visiones místicas, favorezco a esa tercera teoría, pero lo cierto es que a menos que se descubra un nuevo lote de archivos de la Consolidated Cooper Company (cuyos registros son los más meticulosos de la época para esa región) mi aportación (al igual que las otras) queda como especulación pura.

Se sabe con certeza que Tomás era ornitólogo, aunque tomando en cuenta la época y el lugar lo más probable es que tuviera además algun oficio más práctico no registrado por la historia: Un pueblo minero en medio del desierto dificilmente ofrecería un trabajo a tiempo completo para un observador de aves. Dadas las circunstancias de su revelación, es de sospecharse que guiaba a los “Prospectors”, los buscadores de vetas minerales, a través de terrenos inhóspitos. Es posible también que él mismo fuera un prospector, ya sea trabajando por su cuenta o en la nómina de la CCCC. Tambien es ampliamente probable que practicara algun tipo de contrabando.

(En otra de mis especulaciones casi sin base, lo veo transportando opio para la mafia “Chee Kung Tong”, siendo los “Tongs” las asosciaciones criminales de los chinos inmigrantes, de los que había un buen número trabajando en las minas de Cananea. En este escenario, soportado solo por alguna de las alusiones oblicuas en los cuadernos de Tomás, las expediciones ornitilógicas serían tapadera para las expediciones de contrabandismo, mientras que a su vez el contrabando sería para Tomás solo una forma más de costear sus expediciones ornitológicas.)

(La mafia china, por cierto, tenía una curiosa tendencia a encontrarse en esta clase de embrollos, segun refiere el doctor Kong-Li Chin en un “paper” publicado recientemente por la Universidad de Oxford: Una lavandería abierta como fachada para encubrir un negocio de narcóticos resultaba ser, dos generaciones después, mejor negocio que aquel al que prentendía esconder, y la familia conservaba de mala gana al aspecto criminal de su operación mas por cuestiones de prestigio que por otra cosa. )

Volviendo al tema, una de las pocas certezas en la historia de Tomás de Cananea es que en 1908, no mucho antes de que estallara la revolución en México, el entonces ornitólogo recorría la Sierra Madre buscando a una especie particularmente elusiva de guacamayo cuando (aparentemente a causa de una apuesta nacida de una bravata) tuvo a bien nadar un cuarto de hora en un lago alimentado por el deshielo. La hipotermia llegó sorpresivamente y sin saber ni como ni cuando Tomás pasó de estar nadando vigorosamente a estar flotando cara abajo con beatífica serenidad.

Los quince minutos durante los que sus compañeros de expedición lo dieron por muerto fueron para Tomás dias enteros: Dias enteros pasados en el paraiso en conversaciones con ángeles. Tras ser revivido a fuerza de fricciones de aguardiente, el presunto contrabandista se vería acompañado de estas visiones angelicales durante toda su vida, y normalmente en los lugares y momentos menos esperados.

Es a partir de este momento que la formación ornitológica de Tomás de Cananea permite que sus notas angeleológicas superen con frecuencia a las de Swedenborg: El sueco, ocupado en sus elucubraciones filosóficas, no menciona siquiera a las alas de los angeles, mientras que el apache-mexico-americano tuvo la agudeza de notar que si bien el número y la configuración de las alas de los ángeles varía de acuerdo a su rango, el colorido, forma y patrones del plumaje varía segun del oficio del mensajero. Además, las alas de los ángeles siempre podían identificarse como la versión a escala de las alas de alguna especie de ave terrenal, con contadas excepciones atribuibles a los huecos de los catálogos ornitológicos de principios del siglo pasado.

Había una bomba, la bomba de cobalto, que no estaba diseñada para matar con la explosión. Esta hecha para amortajar al planeta completo con una fina capa de polvo radioactivo. Una bomba para matarlos a todos lentamente.

Había un lider mundial al que llamaremos “El Gran Hermano” que gobernó despóticamente asi que fue derrocado.La historia de esa conspiración es embrollada así que saltaremos al final: Cuando el Gran Hermano se vió perdido oprimió al botón que detonó a la bomba de cobalto y que dejó a la tierra inhabitable durante décadas.

Cuando corrió la voz de que todos en el planeta iban a morir, muchos, casi todos, simplemente se hundieron. Se sentaron a esperar. Esos no son importan. Nos importan los que hicieron cosas. Muchos hicieron cosas que merecen ser contadas.

Cuando la bomba detonó, un científico en un complejo militar estaba perfeccionando a la tecnología que habría podido hacerlos inmortales a todos. Digamos que el tipo se llamaba Eric, pero que basicamente no recordaba su nombre por que no hablaba con nadie. Digamos también que era pálido lechoso, pelirrojo, y bastante poco agraciado. Pero todo eso que decimos no importa, por que son cosas sobre el hombre y la historia importante es la historia del monstruo.

Al principio no había monstruo, había dos mitades. Una de las mitades era Eric, la otra mitad era el fruto de la investigación de Eric, un enjambre de robots microscópicos diseñados para reparar a las células en el momento mismo que se dañaban ya fuera en el campo de batalla o en la cama del hospital.

El complejo en el que Eric trabajaba estaba hermeticamente sellado por que una mota de polvo era, desde la perspectiva de sus robots nanoscópicos, un peñasco inmenso. Su investigación solo podía prosperar en la esterilidad más absoluta.

Mientras la puerta no se abriera, Eric estaría a salvo de el polvo que iba a matar a todos allá afuera.

Como el complejo estaba lleno de soldados, y como el científico no quería compartir su inmortalidad con ellos, liberó a sus creaturas, liberó a sus robots pequeños e invisibles como polvo, y los robots mataron a los soldados desde dentro.

La comida que debía haber alimentado a mil durente un año era por supuesto suficiente para alimentar a uno durante mil. Con sus pequeños robots, y con la puerta cerrada, el superviviente de la fortaleza era inmortal.

***

La muerte causada por la bomba de cobalto es muy lenta. Los dias después de la explosión vieron morir a muchos, pero todo fué por el caos que siguió a la caida del Gran Hermano, y por el conocimiento de que la muerte ya tenía fecha para todos.

La bomba en si no mató a nadie antes de que pasaran muchos años por que durante la primera fase del proceso de extinción global lo que se necesita es que el polvo flote en las capas más altas de la atmósfera. En las alturas, el polvo se distribuye desde el punto de la explosión hasta que forma una esfera sutil alrededor de el planeta entero, y tarda años en descender desde las alturas. Primero baja un poco de polvo y nadie lo nota, despues baja un poco mas y la gente se enferma. Baja un poco más y la gente muere, y el polvo continúa cayendo y la vida es imposible hasta que el polvo pierde su poder pero entonces ya no queda nadie.

En teoría.

En la práctica, cuando se supo lo de la bomba la cadena de producción se rompió, o mas bien la civilización colapsó completa, y los que vivían en las ciudades tuvieron que salir al campo para buscar algo que comer.

Alguno de esos desarraigados terminó llegando al complejo en el que Eric se había encerrado. La radiación ya lo estaba matando asi que, mas que nada por ver si se podía, el científico envió a sus robots para que lo curaran.

En los alrededores no había gran cosa para comer,pero de todos modos se quedó, famélico, con una existencia casi animal. Lejos de la fortaleza, la radiación terminaría por matarlo otra vez.

Con el tiempo llegaron más, y cada vez llegaban más enfermos: En la medida en que el polvo del invierno largo se iba asentando, en la misma medida la tierra se volvía más letal. Al final dejaron de llegar, cuando nada sobre la tierra habría podido vivir de no ser por la gracia del enjambre.

***

Pasaron cien años. Dentro de la fortaleza, el viejo se mantenía eternamente joven por que el enjambre combatía al reloj.El enjambre repasaba cáda una de sus células y las regresaba al estado original cada que detectaba algun cambio.

Algo había de imperfecto en el algoritmo, por que los años lo convertian, digamoslo así, en un ser cada vez mas sintético: como si fuera el recuerdo de si mismo, pero olvidando cada vez más cosas, transformándose en un boceto sin textura. Sus patrones de pensamiento también estaban alterados, auqnue es dificil decir con precisión si era a causa del encierro o a causa de alguna deficiencia en la constante reparación de sus neuronas.

Afuera, la radiación ya había agotado su rabia y los hijos de los hijos de aquellos a los que el científico había salvado eran presumiblemente los unicos hombres que quedaban en el mundo.

El viejo de la fortaleza era leyenda para esos últimos hombres.

***

Llego el dia en el que los de afuera, cansados de su existencia famélica, intentaron tomar la fortaleza por asalto. No tenían idea de la cantidad de armamento que el viejo tenía a su disposición.La destrucción de los rebeldes fue inmediata y no hubo más intentos, pero el incidente hizo que el viejo decidiera hacer algo por controlar al rebaño humano que había crecido a su alrededor.Eligió agentes, les dió armas y les dió órdenes. Los descendientes de esos agentes terminarían por convertirse sacerdotes de un culto. No había sido el plan del viejo, pero decidió alentarlo: El tributo de los agricultores complementaba a sus abundantes pero insípidas provisiones militares.

***

El viejo tiene cámaras en todas partes. Podría salir, pero tiene miedo, no quiere arruinar su inmortalidad, así que vive por medio de las cámaras. Un dia, despues de siglos de encierro, se enamora de una joven, y hace que sus sacerdotes la lleven a la fortaleza. La desposa. La ama, pero ella no puede verlo como humano, ella siente que su vida terminó al cruzar la puerta. Muere, pero tiene un hijo.

El ciclo se repite muchas veces a lo largo de los siglos.  Casi todos los hijos del viejo salen a la ciudad cuando crecen, pero conserva a unos cuantos. Los que salen se conveirten en cabeza de la casta sacerdotal, por arriba de los originales.

***

Se acerca la hora de partir así que les contaré el final así en burdo, y otro de estos dias lo arreglaré:

Un dia, uno de los componentes de la máquina que fabrica a los robots que hacían inmortal al viejo se arruina. Ya no hay forma de construir ni conseguir la pieza. Quedan algunos robots, pero la provisión es limitada. El viejo los instruye para que se enfoquen específicamente en reparar a los órganos vitales y descuiden a todo lo demás. El viejo dura entonces tres o cuatro siglos en los que todo su cuerpo se vuelve horrible, absurdamente viejo, un saco de arrugas sobre arrugas y huesos retorcidos. Finamente no quedan nanobots suficientes ni siquiera para conservar su corazon y su cerebro, y muere de viejo quien sabe cuantos siglos después de quien sabe cuantos siglos de encierro.

En el infierno, en una oficina, un ángel recién caído, el primero en caer en más de cien años. El ángel fuma un cigarrillo que, igual que el arbusto de Moisés, arde eternamente sin consumirse.

Visto desde un cierto ángulo, el ángel es una figura rubia con una belleza nórdica que no estaría fuera de lugar en un anuncio de ropa de diseñador. Es imposible saber si sus rasgos finos y ambiguos y su mirada intensa pertenecen a un hombre o una mujer, pero en cualquier caso es una belleza que de intensa resulta dolorosa.

Visto desde otro ángulo, el ángel es una esfera de metal ardiente con doce veces doce ojos. Así es la cosa con los ángeles, tienen una forma humana y una forma metafísica. Las doce bocas de la esfera incandescente hablaron a coro y revelaron los últimos secretos celestiales, que el demonio sentado en el otro lado del escritorio anotaba diligentemente en una libreta.

“Ya sabrás cómo son las cosas con ÉL”, dijo el rubio. “Primero se compromete a hacer más hombres que estrellas en el cielo, y después se aburre y nos deja todo el asunto a nosotros.”

El otro gruñó y asintió con la cabeza de una forma relativamente empática. No es cosa de esperar gran empatía de parte de un demonio, pero a fin de cuentas el tipo alguna vez había sido ángel y recordaba aún que los caminos del Señor tenían más de fastidioso que de misterioso ya que se les conocía de cerca.

El rubio continuó:

“Tomar un puño de barro y convertirlo en un hombre es una lata. Así que allá por el 1880 empezamos a usar plastilina.”

El demonio alzó la vista y gruñó de nuevo, ahora incrédulo.

“Plastilina.”

“Sí. En un principio parecía una buena idea. Más colorida, más sencilla de trabajar, más apropiada para hacer a las miriadas de miriadas de hombres que ÉL había prometido.”

“Plastilina.”, repitió el incrédulo. “Eso lo explica. Ya nos parecía que los hijos de Adán eran ahora, si eso es posible, aún más patéticos de lo que habían sido en un principio.”

“Sí. No es posible culparlos. Ahora tienen almas de plástico, hechas en serie.”

Poco después pasaron a otro tema porque al fin y al cabo a ambos los humanos les eran más bien indiferentes, uno más de esos caprichos de EL.

Uno siguió fumando, el otro siguió tomando notas, y en los cielos la línea de producción continuó arrojando espíritus genéricos a la Tierra.

Hay muchas palabras que todo mundo conocía en los viejos tiempos, y que ya nadie usa ahora. Me gustan esas palabras. Una de ellas es “alquimista”.

Los alquimistas eran magos de un tipo muy particular, que buscaba conocer las propiedades de las substancias. Por ejemplo, tal vez sepan que el fuego de los volcanes tiene un olor infernal, producido por una substancia llamada azufre. Resulta que el fuego de los dragones tiene el mismo olor. Y ese es el tipo de cosas que un alquimista investigaba: ¿El azufre en el aliento del dragón significa que es un ser volcánico? ¿Que tiene , quizá, un pequeño volcán en su panza, o que los volcanes tienen a un enorme dragón en su interior? O, pensando en algo más práctico…Singifica eso que el alquimista puede usar polvos de azufre en una formula para crear un fuego de dragón capaz de derretir a la lanza y la armadura de los caballeros del rey?

Por supuesto, ese es solo un ejemplo, solo con una substancia: El azufre,que entonces tenía por nombre “sulfuro”. Pero los alquimistas investigaban a todos los materiales de los que podían echar mano en búsqueda de los secretos del universo: ¿Que tienen en común la sangre y los rubies, que los dos tienen esa intensidad tan roja? ¿Y que es lo que une al cielo y al zafiro? ¿Que espiritu aníma al imán que le permite atraer al acero?

Pero, mas que nada, había dos preguntas , dos preguntas muy en particular, que atraían a la acerada mente de los alquimistas como si le pregunta misma estuviera hecha de piedra imán: ¿Que distingue al plomo, pesado, feo y barato, del reluciente y noble oro?

Y la segunda pregunta, la mas intensa, en la que todos trabajaban en secreto: Si el primer hombre fue hecho de barro…¿Habría alguna forma de repetir la hazaña, y crear a una imitación de hombre en un horno de alfarero igual que el alfarero hace ollas y cacharros?

Eso era entonces un Alquimista, y si se los cuento no es solo por el gusto de definir las palabras sino por que, ahora si, entrados en contexto, podrán entender cuando les diga que esta historia empieza cuando, un mal día, el Maestro Alquimista no regresó a su laboratorio en lo alto de la montaña.

Su aprendiz lo esperó durante tres dias, y después decidió salir en su búsqueda aunque no esperaba que las cosas fueran fáciles. El Maestro Alquimista había salido rumbo a la caverna del Basilisco, atravesando el bosque negro, y el aprendiz no iba a emprender el viaje hasta allá sin armas de algun tipo…Pero el Maestro se había llevado los ingredientes que se necesitaban para realizar las magias realmente poderosas.

Tenía plomo, al menos: Mucho plomo. El plomo es barato, y defnitivamente es un ingrediente importante cuando uno esta buscando la forma de transmutar plomo en oro, asi que la bodega estaba llena de esos lingotes pesados con el color gris sucio de una nube que todavía no decide si quiere o no traer una tormenta.

El aprendiz dedicó un dia a hacer el molde y a fundir el plomo (con la carra envuelta en una máscara, por que los vapores de ese metal envenenan), y se fabricó un compañero: Un sapo de plomo , burdo, pequeño, con piedras de rio en lugar de ojos. Lo vió muy torpe y muy pequeño, sin embargo, y decidió que necesitaba un compañero más antes de cruzar el bosque y explorar la gruta.

Voy a tener que explicar otras dos palabras. Tres, de hecho, si contamos a la palabra “Basilisco”, que se refiere a un gallo con seis patas, escamas en lugar de plumas, cola de serpiente, y unos ojos brillantes que petrifican a quien los mira. Pero ya hablaré después del basilisco, ahora las palabras que quería explicarles son “Golem” y “Pastiche”.

Un golem es una especie de robot, hecho mucho, mucho antes de que se descubriera la electrónica. Lo que animaba a un golem no era electricidad, sino magia. La fuerza, la habilidad, y sobre todo la inteligencia del golem dependen por completo de la precisión y profundidad con la que el mago que los crea domína los alfabetos mágicos.

Pastiche, por otra parte, es la palabra con la que se describe a una cosa hecha con pedazos de otras cosas. Se usaba en otros tiempos para describir a una forma de imiter a la obra de un gran artisca copiando y recombinando pedacitos de sus obras para hacer una imitación.

Les cuento estas dos palabras para que las cosas tengan sentido cuando les diga que como el aprendiz no estaba muy contento con su sapo de plomo, decidió tomar pedazos de los proyectos que su Maestro había dejado a medias, y los combino a todos en una figura vagamente humana, a la que tendremos que llamar “El Golem de Pastiche”.

No era una figura nada elegante. Se notaba que los pedazos no encajaban bien entre si, con el brazo izquierdo cuajado de pirita reluciente y el derecho, mas grande y pesado, de un hierro bastante oxidado. La figura se movia ademas con singular torpeza en parte por que tenía una pierna un poco mas larga que la otra, y por que ya que el aprendiz no dominaba perfectametne a los alfabetos, cada una de sus faltas de ortografía había hecho que el golem de pastiche fuera un poco mas lerdo.

El aprendiz , terminado su trabajo, volteó a ver a sus dos compañeros. Uno era pequeño, pesado y torpe. El otro era grande, pesado, y más torpe todavía… Pero bueno, ¿Que se le va a hacer? Por algo era aprendiz y no maestro, y cuando uno se va de aventura, compañeros son compañeros. Tomó una bolsa con pan, queso, y otras comidas nutritivas paro fáciles de transportar, y tomó el camino que bajaba de la montaña.

Ahora que se acerca una partida mas, tengo emociones encontradas.
¿Se supone que use la palabra “agridulce”? Esa la usaría para describir a algun caramelo, a algo de la cocina oriental… Pero…¿Quien tiene emociones agrias?

Permitanme mejor que invente, auqnue seguramente ya fue inventada, a la palabra “dulceamargo”.

997 se perdieron en la niebla. Enoch sabe que no saldrán.

En realidad  se perdieron más. Se perdieron todos. Enoch no cuenta a la ciudad entera. Cuenta a los 997 que podrían haberse salvado. El refugio tiene capacidad nominal para mantener a mil personas, y solo hay tres.

“Se perdieron”. El termino no es de Enoch, es de Victor. Tiene algo de cierto y algo de eufemismo. Sería mas correcto decir que esos novecientos y feria se estan muriendo allá afuera. Pero también es cierto que estan perdidos. Hector y Victor coinciden, el primer efecto de la niebla es la ceguera casi inmediata.

Lo que no estaban en sus casas cuendo llego la niebla y no han muerto todavía estan seguramente bien pero bien perdidos.

Los tres  que estaban en el refugio pertenecen a la División de Riesgos Existenciales. Los hermanos trabajan en el departamento de  ambientes peligrosos,  subsección de nanotecnología. Su misión es garantizar que el refugio resistirá al ataque de la niebla azogada que se bate contra la pared exterior. Enoch se especializa en máquinas autoconscientes: Monitorea a Monitor, la máquina que tendría que estar cuidando ahora al bienestar de los mil hipotéticos habitantes del complejo, cuando estuviera concluido.

***

Estaban incomunicados. La niebla devoraba metal: vehículos, cableado, antenas…daba igual, todo era devorado por la niebla para hacer más niebla.

La niebla no comía cerámica, y Hector y Victor daban fe de que los muros cerámicos del refugio podrían resistir durante siglos mientras la puerta se mantuviera cerrada.

La niebla tampoco comía personas. Le eran indifrentes. Sin embargo, el contacto con los diminutos robots que componían al polvo plateado producía una ceguera básicamente  inmediata e irreversible en las ratas de laboratorio, y no tardaba tampoco en infiltrar a los pulmones y producir abrasiones que llevaban a un cuadro comparable a la silicosis.

Enoch tenía la certeza de que ya todo a su alrededor era zona muerta. La mente cibernética de Monitor estaba equipada con transductores neuronales muy sensibles y, aunque estaban calibrados para sintonizar la mente humana, habrían podido detectar incluso a una rata a un kilómetro de distancia, aunque fuera como una especie de zumbido de estática.

Tras pedirle a Monitor que filtrara las mentes de los tres, y tras sentir atentamente la noosfera alrededor del refugio, Enoch concluyó que nada respiraba, sentía o pensaba hasta donde alcanzaba el ojo de su mente: Todo era negrura espiritual.

***

En principio, uno creería que es dificil aceptar que vivirá hasta quese muera sin posibilidad de redención o relevancia. En la práctica, los tres se acostumbraron pronto a eso de simplemente existir.  Habia comida y bebida suficiente para mil personas durante diez años, asi que por eso no tendrían que preocuparse. La biblioteca aún no recibía los libros cuando la niebla se adelantó, pero la videoteca tenía mas material del que podían ver si solo se dedicaran a eso. Las instalaciones de atletismo no estaban concluidas, pero los dormitorios que dejaron libres los 997 que no entraron les dio a los 3 más que suficiente material para inventar un gimnacio muy aceptable ayudandose con la mitad del taller que alcanzó a llegar.

También se acostumbraron pronto a vivir permanentemente en un pequeño mundo que estaba todo a medias.

***

El lugar va convirtiendose en un laberinto.

Hace años, cuando vivia en una calle llamada Novelistas, salía en el carro a la intersección de dos avenidas, donde encontraba a un lavavidrios ojeroso al que siempre rechazaba de mal modo.

Odiaba a su clan, que actua como si tuviera propiedad de nuestras calles.

Unos cinco años despues, al tomar un trabajo nuevo, encontré que el lavacarros trabajaba ahora como pintor de brocha gorda en mis nuevas oficinas, en las que trabajan cientos de personas y siempre hay algo que pintar.

Me preguntaba si me recordaba o no, y si me resentía. Me lo pregunto desde hace años que estoy aqui.

Esta mañana la máquina de regrescos de la oficina me tragó las monedas. Esta tarde el lavacarros ahora pintor vino a mi escritorio y me dijo que el que resurte las máquinas había llegado, que fuera a reclamarle mi refresco.
No sabía ni que el hubiera visto el robo de la máquina ni que supiera cual es mi lugar. Fui, y el tipo de la Cocacola me pasó una lata fria que estoy tomando ahora.

Supongo que es una preocupación menos. O el pintor-lavacarros no me recuerda o lo de Novelistas ya no importa.

Estaba yo caminando por el infierno cuando me encontré una escalera. No tenía nada mejor que hacer y la subí. Después de mucho subir me encontré una puerta. La puerta tenía un letrero que decía:
“Del otro lado de ésta puerta está el cielo. Ésta puerta sólo puede abrirse desde el otro lado”.
Así que me senté junto a la puerta a esperar, hasta que me pareció que todos mis amigos habrían tenido tiempo de morir. Entonces me convencí de lo que ya sabía: no conozco a nadie en el cielo que tenga ganas de verme.
Volveré al infierno. Supongo que me lo merezco.

relojeria

Una vez, hace ya mucho tiempo, por motivos que no viene al caso mencionar, se me rompió el corazón. Y en vez de juntar los pedazos y esperar a que sanara, tiré el corazón roto, y el viento se llevó los pedazos, y me dí a la tarea de forjarme un nuevo corazón, con láminas de hierro remachadas unas con otras. Y el corazón de hierro estaba lleno de engranes, y latía como reloj de cuerda. Y pensé que mi nuevo corazón de hierro no podría  ser roto ya por nadie.
Por un tiempo me olvidé de este corazón metálico que latía frío y brillante dentro de mi pecho.
El primer problema del corazón de relojería fué que me hacía muy difícil reir. Podía sentir la maquinaria forzándose por producir risa, risa que se desgarraba al salir entre ruedas dentadas, y puntas de tornillos y remaches. Luego se quedaba ahí, atorada, como una especie de risa dolorosa, lamentándose de no haber salido nunca. Pensé entonces, por primera vez, en renunciar al corazón metálico. Pero ya estaba firmemente atornillado en su lugar, y recuperar mi risa parecía poca ganancia a cambio del dolor y del trabajo que costaría remover el viejo corazón de hierro.
Y las cosas siguieron así por mucho tiempo. Demasiado. Y un día descubrí que la ira también se quedaba atorada en la maquinaria del corazón, y el fuego del enojo enrojecía sus paredes, y quedaba sobre la maquinaria una capa de ceniza amarga de odio. Esta vez realmente quise deshacerme del corazón mecánico. Pero no me atreví. Quizá no pudiera ya recuperar mi verdadero corazón, y temí que mi pecho quedara hueco para siempre.
Y ahora he descubierto el último problema del corazón- máquina. Descubrí que está apareciendo un nuevo corazón, un corazón de verdad, dentro del corazón mecánico. Y sé que la máquina gris triturará al corazón nuevo como lo hizo ya con mis sueños y mis risas.
He intentado desarmar esta prisión de hierro y no puedo . Se ha oxidado en su lugar, y nada puede ya sacarla de mí. Sus engranajes oxidados triturarán el último sentimiento que me queda, y un tic tac monótono, oxidado, será todo lo que quede dentro de mí.

No soy emo

Voy a poner algunos de mis escritos viejos aqui. Si escribiera hoy esas mismas historias, cambiaria muchas cosas, pero bueno, era lo que era.

Repasando mis escritos, sospecho que era emo antes de que esa cosa existiera, y sin pintarme nunca un mechon rosa. Ahora ya estoy muy viejo como para esas cosas, pero en fin… aca estan estos escritos, que no se me olvide de donde vengo. La etiqueta “go-cry-emo-kid” tomara mas prominencia de la que ya tenia en este blog, pero si alguna vez lo fui, ya no.

..O eso me gusta pensar.

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